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ORTOGRAFÍA Y GRAMÁTICA

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Jugamos tranquilas, ¿eh?

Mensaje  José Malax el Dom Oct 21 2012, 02:39

Jugamos tranquilas, ¿eh?

Fuente: Álex Grijelmo, Ediciones El País


Cierto político proclamó una vez en un acto electoral, hace unos 15 años: “Compañeros y compañeras, lo que defendemos nosotros y nosotras...”.

Y claro, ese “nosotras” sonó raro. Porque “nosotras”, con arreglo a la gramática, es un pronombre inclusivo del sujeto que habla; de modo que quien lo pronuncia se sitúa dentro del grupo que menciona. Así que un hombre no puede decir “nosotras”, en puridad; sino sólo “nosotros”. Quizás aquel político debió elegir para tal frase “nosotros y vosotras”, y nadie le habría tomado el pelo.

Sin embargo, algo está sucediendo en nuestra lengua, porque algunos varones empiezan a incluirse en los términos femeninos con toda naturalidad. Es decir, sin forzar el idioma y probablemente sin darse cuenta.

El 5 de agosto, a las 20.22 horas, dijo el periodista Francisco José Delgado, en la Cadena SER, al transmitir un partido de waterpolo femenino en los Juegos Olímpicos:

- ¡Si ganamos, estamos clasificadas!

Podría parecer anecdótico, fruto de la buena voluntad de un periodista educado en la tolerancia y en el espíritu de igualdad; o tal vez consecuencia de su deseo de implicarse en la victoria de la selección nacional. Pero no se quedó eso en un ejemplo aislado, porque el entrenador del equipo femenino de balonmano aconsejó pocos minutos después a sus jugadoras durante un tiempo muerto, en el minuto 28 de partido y cuando vencían 24-20 a Noruega:

- ¡Jugamos tranquilas, ¿eh?!

Y a partir de ese momento, todos empezamos a jugar tranquilas.

Todavía más. A las 23.25 del mismo día, Manu Carreño, director del Carrusel Olímpico, aventuraba en la misma emisora:

- Si estamos entre las siete primeras vamos a ser oro.

(Se refería a las posibilidades de la regatista española Marina Alabau en windsurf, que iba camino de la medalla).

Disfrutábamos así de tres ejemplos significativos en solamente una hora de radio y televisión (confieso que veo la televisión mientras oigo la radio y ojeo el As). Eran tres casos reales de varones que utilizaban genéricos femeninos incluyéndose ellos en el grupo.

Y aún se añadiría un cuarto ejemplo, el día siguiente, 6 de agosto, a las 20.44 horas: el periodista de la SER José Antonio Ponseti anunciaba, un tanto decepcionado, pues tenía mejores expectativas para las nadadoras de la sincronizada:

- Somos terceras después de las rusas.

Uno se imagina de inmediato a Ponseti siendo tercera después de las rusas, y enseguida se apunta al grupo en solidaridad con él. Yo también era tercera, y me parecía una injusticia que a las nadadoras españolas de sincronizada nos hubieran dado una puntuación tan inferior a nuestros méritos.

¿Un quinto ejemplo? Lo hay, y muchos más que ya dejé de anotar. Jesús Gallego, a las 0.13 del viernes 10, hablando de la derrota en la final de waterpolo: “Hemos pecado un poco de inexpertas”.

Y sí, creo que los españoles fuimos un poco inexpertas en ese partido.

Me parece un avance formidable

Bienvenida sea esta evolución (por supuesto muy incipiente), que acierta a coincidir en este caso con el criterio de quienes sostienen que la lengua se adapta a la realidad como el agua a la vasija; y que si cambiamos la realidad y fomentamos la presencia de la mujer en todos los órdenes de la vida donde antes estaba discriminada, cambiaremos con el mismo esfuerzo el lenguaje; frente a quienes defienden, con idéntica buena voluntad, que primero hay que cambiar el lenguaje porque así se cambiará más fácilmente la realidad.

Sea como fuere, viene a cuento aquí esa diferencia entre género y sexo tan explicada antes por los gramáticos y tan despreciada ahora por ese lenguaje oficial que habla de la violencia machista como “violencia de género” (la violencia siempre fue “de género femenino” —decimos “mucha violencia” o “violencia innecesaria”, pero no “mucho violencia” ni “violencia innecesario”—; violencia de género femenino aunque la perpetren generalmente hombres y la combatamos todos): el género era un fenómeno gramatical, y existían tres géneros: masculino, femenino y neutro (el, la, lo; él, ella, ello; este, esta, esto); y el sexo, un fenómeno biológico (una silla tiene género, pero no sexo); y sólo hay dos: mujer y hombre. (Para mejor información y mayor precisión, véase el Diccionario Panhispánico de Dudas, entrada “género”). No estoy seguro de que esa antigua diferencia entre género y sexo vaya a sobrevivir, pero permítanme usarla al menos en el siguiente párrafo.

Lo cierto es que en estos tiempos, y por fortuna, ya hay hombres que, cuando se hallan ante una idea que refleja la presencia predominante de mujeres, empiezan a incluirse voluntaria y espontáneamente en el género femenino... sin por ello haber cambiado de sexo. Me parece un avance formidable. Sobre todo porque las españolas hicimos unos sensacionales Juegos Olímpicos.

_________________
«Qué es lo que impide decir la verdad riendo». Horacio
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Propuesta racional para simplificar la ortografía (Olé el Ole)

Mensaje  José Malax el Mar Mar 06 2012, 05:17

.

Propuesta racional para simplificar la ortografía

Juan Andrés Gualda Gil






Acaba de ver la luz el libro Propuesta racional para simplificar la ortografia
del Dr. Juan Andrés Gualda Gil, lingüista, del que se da una amplia información
en la página www. ortografiasencilla. com.

La ortografía de la lengua española es complicada y dificil de
aprender, como lo demuestra el hecho de que se cometan tantas faltas en
todo tipo de escritos, de que se vendan tantos libros de dudas y
dificultades ortográficas y de que se hagan tantas consultas a las
academias de la lengua.

La Ortografia de la lengua española (OLE) tiene
graves contradicciones (véase su cap. II, ap. 3.4.2): hiatos hablados
que son tratados ortográficamente como diptongos, diptongos hablados
tratados ortográficamente como hiatos, todas las parejas vocálicas
formadas por dos vocales abiertas son tratadas artificialmente como
hiatos aunque se pronuncien diptongadas, la tilde está sobrecargada pues
además de su función básica para señalar las palabras agudas, llanas y
esdrújulas tiene también asignada la importante función de deshacer
determinados diptongos y las reglas de acentuación se contradicen.
Por ejemplo, según las reglas generales de acentuación la palabra reír no
debería llevar tilde por ser aguda que no acaba en vocal, n o s.


El nuevo sistema acentual que se propone consta de
solo tres reglas que carecen de excepciones, al revés de lo que ocurre
con el actual sistema repleto de ellas. Básicamente consiste en la
eliminación de la tilde prosódica, que no es más que una manifestación
de paternalismo en la escritura, manteniendo las tildes distintiva y diacrítica.

Por otro lado, las normas orientadoras sobre el uso de las letras ocupan nada
menos que 25 páginas de la OLE con un total de 60 grupos de excepciones (!).
La letra h es muda, la letra c representa dos fonemas (ca, ce), la letra g representa
dos fonemas (ga, ge), la letra y tiene valor consonántico y vocálico (yema, muy),
las letras b y v representan el mismo fonema, igual que les pasa en parte a las
letras c, q y k y también a las letras j y g.
Y para las personas seseantes (nada menos que el 93% de todos los
hispanohablantes, es decir, 420 millones) hay una grave confusión entre
escribir z, c o s.

El libro Propuesta racional para simplificar la ortografía
les da solución a todos estos problemas. Su aparición delimita
claramente un antes y un después en la ortografía de la lengua española.


Bases para la necesaria reforma ortográfica

La ortografía de la lengua española debe:


  1. Relegar el principio etimológico a un segundo
    lugar, como valientemente ya hizo la ortografía italiana, por ejemplo
    oficializando la asimilación regresiva (attuale, immorale, osservatorio, ottavo, sussidio...),
  2. simplificando los prefijos (costante, costituzione, istante, istinto, ostruire...) y desterrando la h muda (abitare, erbivoro, eroe, umano, umore...).
  3. Ser menos rígida y tomar nota de la
    flexibilidad y libertad de la ortografía inglesa. El filólogo y
    académico de la española Emilio Lorenzo dijo en una entrevista que «el
    idioma inglés no tiene miedo al ridículo [...]. El idioma español siente
    recelos y temores ante cualquier innovación y no llega al
    aprovechamiento exhaustivo de sus propios recursos expresivos». Es muy
    de admirar cómo la lengua inglesa ha conseguido con una escritura
    simple, estética, sin tildes y sin ningún otro signo diacrítico
    representar sus 35 fonemas con solo 26 letras.
  4. Ser auténticamente panhispánica teniendo en
    cuenta a todos los hablantes, a semejanza de lo ocurrido con la
    ortografía portuguesa, en cuya reforma se ha tenido más en cuenta al
    portugués de Brasil que al de la metrópoli, como así defendía José
    Saramago en virtud de la gran diferencia del número de hablantes entre
    Brasil y Portugal. Se calcula que en la reforma de la ortografía
    portuguesa se va a cambiar el 1,5% de las palabras utilizadas en
    Portugal y solo el 0,5% de las palabras utilizadas en Brasil.



Conclusión

Por todo ello es necesario crear un amplio debate
panhispánico en pro de la mejora de la ortografía española para hacerla
más universal y fácil de usar, evitando las faltas de ortografía, lo
que contribuiría a fortalecer la unidad de la lengua.

La propuesta presentada en este libro es racional,
justificada y lógica; no radical sino moderada, que modifica ligeramente
la ortografía vigente pero que la simplifica notablemente.



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ahí, hay, ay...

Mensaje  José Malax el Sáb Feb 11 2012, 06:37






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El diálogo de las lenguas Ivonne Bordelois

Mensaje  José Malax el Jue Oct 20 2011, 03:50

.

Imperdible e interesantísimo capítulo 8 del libro La palabra amenazada, de la argentina Ivonne Bordelois, sobre etimología, contrastes de lenguas, y lo difícil de las traducciones:

Y aquí, se puede descargar el libro completo en PDF, 598 k:
http://tertuliacossanostra.forumsalgerie.com/t526-la-palabra-amenazada-ivonne-bordelois#2276










8 El diálogo de las lenguas

Las lenguas no son sólo construcciones verbales específicas, sino que acarrean con ellas la experiencia de cada nación, experiencia única para la cual existen, por cierto, leyes de traducción y validación en otras lenguas, sin que esto implique eliminar, sin embargo, un residuo intransferible que constituye lo precioso, lo único y necesario de cada lenguaje, lo que cada uno aporta irreemplazablemente a la mente universal. Lacan ha llegado a decir que el único saber sigue siendo el saber de las lenguas. Las lenguas orientan, fijan y limitan nuestro horizonte cognoscitivo: los celtas no conocían lingüísticamente la diferencia entre el verde y el azul; ante la muerte, los yamanas -que carecen del verbo morir-dicen que los hombres se pierden, pero los animales se rompen; y los esquimales poseen decenas de términos para designar la nieve en sus diversos estados, pero carecen de una palabra específica que sirva sólo para designar la nieve como un concepto general, subyacente a estas diversas manifestaciones.
Como ya hemos dicho, no se trata sólo de hablar una o más lenguas, sino de saber escucharlas, empezando por la propia, que hemos aprendido a desatender a fuerza de su desgaste por el uso y abuso. Pero además hay que hacerlas dialogar entre sí, del mismo modo que los anfitriones presentan a los amigos para alcanzar la diversidad y la plenitud de la fiesta. Así como Baudelaire pudo hablar de esa catedral del alma humana donde "les parfums, les couleurs et les sons se répondent", podemos hablar también de un espacio donde las lenguas que conocemos entrecruzan miradas y llamados y el alma del mundo, del conocimiento y el amor humano resuena con ecos, sobreentendidos, guiños y centellas misteriosas en la noche. Es así como muchas veces el destello peculiar de una palabra, su música peculiar, se percibe mejor al confrontárselo con las palabras equivalentes en otras lenguas. Insuperablemente lo dice Alfonso Reyes: "A veces lamento hablar en español: escuchado desde la otra orilla debe ser algo incomparable, lleno de chasquidos y latigazos, terrible carga de caballería de abiertas vocales, por entre un campo erizado de consonantes clavadas como estacas".
Existen sectores del vocabulario, sumamente reveladores, donde las lenguas se contraponen y/o se complementan, y de acuerdo con su idiosincrasia, iluminan ciertos aspectos de las mismas cosas antes que otros, o bien carecen de una palabra propia para un concepto o sentimiento que en otras lenguas resulta fundamental, o bien la connotación y el matiz son distintos, o bien la imagen o metáfora que implica la palabra es totalmente otra. Ésta es una de las maneras más gratificantes de escuchar las lenguas, pero se requiere cierta afición, ejercicio y gusto para poder realizar esta delicada operación de escucha.
Aunque establecer estas comparaciones puede parecer algo infantil, es interesante darse cuenta de los huecos y destellos que se producen en estos diálogos de lenguas, donde de pronto una de ellas avanza y arroja su dardo con más precisión o gracia y hondura en la imagen que hay que crear o evocar, y nuestro espejo interior se ilumina y apaga intermitentemente con estos reflejos que acompañan el léxico bilingüe o multilingüe como un gran mosaico con sus luces y sombras.

Lo que dicen y callan las diversas lenguas
Una de las consecuencias favorables de la explosión del inglés como lengua global reside en el hecho de que todos aquellos que lo aprenden como segunda lengua están inevitablemente expuestos a desarrollar un segundo oído interior, por el cual las comparaciones léxicas, por inconscientes que aparezcan, son potencialmente conductos de una percepción más clara y aguda de los distintos valores de representación que se dan en diferentes lenguas. De este modo, nuestras palabras adquieren impensadamente perfiles y brillos u opacidades inusitadas al compararse con sus equivalentes -muchas veces sólo aproximativos- en las lenguas que vamos incorporando. Por ejemplo, nosotros decimos mesa de luz allí donde el inglés dice Night-table -mesa de noche, como el alemán nacht-tische y el francés table de nuit. Donde el español ve una lámpara, los otros ven la oscuridad del sueño: el mismo objeto evoca sensaciones opuestas.
Los ingleses hablan en sentencias (sentences), es decir, que se sienten jueces dirigiéndose a acusados; nosotros, en oraciones, dirigiéndonos como creyentes, a través de nuestros interlocutores, a Dios; más prácticos y racionales, los holandeses hablan en significados (zinnen); y los franceses, típicamente, incurren en frases (phrases), ya que la frase es la unidad rítmica fundamental. Metafóricamente, el inglés considera el acto de hablar como un juicio, el holandés como una afirmación de sentido, el francés como una danza y el español como una ocasión de rezar, de hablar -con Dios primero. (¿No dice Antonio Machado: "Quien habla solo espera hablar con Dios un día"?).
Es verdad que originalmente oratio en latín significaba todo discurso -incluyendo el religioso, entre otros. Una diatriba de Cicerón era también una oratio, palabra que se relaciona con boca, ya que proviene de os-oris (de donde surgen también oralidad, oráculo, etc.) En el habla se esconde algo sagrado: rezar y recitar descienden de la misma raíz. Asimismo, la palabra sermón deriva de sermo (y su raíz está también presente en el inglés ser-ment, juramento): en latín, significa simplemente palabra. Es decir que, para ciertas culturas, toda palabra puede ser considerada amonestación o juramento de verdad. Queda claro entonces que las connotaciones religiosas de las palabras que designan el acto de hablar en sus diferentes variedades son muchas, diversas y significativas; estos ejemplos muestran ante todo que siempre se ha sentido que el lenguaje es una actividad seria y sagrada. En alemán Rede significa lo que se habla -y también argumento (de allí redeneren, argumentar en holandés) o explicación (rede stellen en alemán): no hay que olvidar que el término se relacionaba, en sus orígenes, con la explicación de la Biblia.
En otros aspectos ocurre que el español es más desconfiado, sarcástico o decididamente prosaico que el inglés. Así, el inglés toma fotos (to take a picture); el español, advirtiendo la posible rapacidad o intrusividad del fotógrafo, dice que las fotos, aparte de tomarse, se sacan. Los quehaceres y negocios cotidianos son para el español ocupaciones, es decir, invasiones del mundanal ruido o conquistas del espacio exterior, en inglés tal prejuicio no existe, pero la palabra errands parece predicarse de un sujeto desasosegado y errático. El inglés no conoce un término equivalente a trabajo; labor indica ante todo las relaciones institucionales que el trabajo crea, y también los dolores de parto. Recordemos que trabajo deriva de tripalium (palabra derivada a su vez de tres palos, que fue primero una suerte de yugo para uncir a los animales y luego una forma de tortura aplicada en tiempos medievales, que conducía a la rotura de los huesos del supliciado). Mientras que en español y en francés (travail) el sentido penoso y explotativo del trabajo está presente -etimológicamente-, el inglés subraya su creatividad en work: las obras de Shakespeare son los trabajos de Shakespeare -es decir, no hay diferencia entre trabajo y obra para los anglosajones.
La sutileza fonética del inglés, con sus numerosas vocales, contrasta a veces con la falta de matices en ciertos significados para nosotros sumamente relevantes. No hay distinción en ese idioma que equivalga a las que el español traza entre suave y blando, honesto y honrado, temor y miedo, cólera e ira, ser y estar. Es verdad que nosotros, a nuestra vez, carecemos de la importante gradación afternoon-evening; pero en inglés no existen verbos como nuestro amanece, atardece, o anochece; ni tampoco ambiente. Nosotros diferenciamos piernas y patas, distinción que no sólo separa a humanos y animales, ya que nuestras sillas tienen patas y nuestras lámparas pie, divertida zoología mobiliaria que no acontece en otras órbitas. Naturalmente, en cuanto a sutileza, no cabe generalizar: ciertas preciosas significaciones ocurren sólo en inglés. Por ejemplo, nosotros no podemos decir algo tan especial como serendipity, que significa la aptitud para realizar accidentalmente descubrimientos afortunados. Cariño no es lo mismo que affection; pero también es cierto que anger es más y mejor que enojo o irritación o molestia; como nightingale (la flauta en la noche) es más inspirada que nuestro ruiseñor: el señor Ruiz (o sea, el señor rojo). Pero reparemos asimismo en que no puede decirse en inglés, como observaba Borges "estaba sentadita" 11; y tampoco hay palabra inglesa equivalente a llanto.
Curiosamente -o acaso sintomáticamente- el inglés, como ya lo hemos dicho, no tiene un verbo que signifique callarse: to keep silent significa permanecer silencioso, que no es lo mismo; o bien tenemos que recurrir a algo tan brutal como el imperioso shut up, casi equivalente a cerrar el pico. La interesante distinción entre lengua y lenguaje no existe en inglés. Nosotros soñamos con alguien, como si ese alguien fuera conjurado por nuestro sueño y nos acompañara; en inglés to dream of, literalmente, significa soñar acerca de alguien, como alguien que escribe una composición sobre un tema dado. Del mismo modo,
El inglés introduce a sus amigos; nosotros, más gentilmente, los presentamos (como presente significa también regalo, podemos decir que los regalamos). No hay equivalente exacto en lengua inglesa para nuestro presenciar (carente de su natural contraparte, ausenciar); en inglés no presenciamos sino que atestiguamos (witness) un acontecimiento determinado. Mientras la presencia con que presenciamos en español parece flotar amablemente alrededor de un suceso, el testimonio con que se lo atestigua en inglés tiene algo del control remoto del Gran Hermano. Mientras los anglohablantes tienen infartos (he had an infarct) o mueren en accidentes (he died in an accident), nosotros, más psicoanalíticamente, hacemos un infarto o nos matamos en un accidente. Mientras ellos hacen decisiones (to make a decision), nosotros las tomamos. Las cosas suceden (happen) en inglés, llegan (arrivent) en francés y pasan, simplemente, en español. Pero el inglés distingue entre to wait for y to hope for, que el español confunde en esperar 12.
La palabra querer es de la misma familia romance que inquirir o requerir, significa -etimológicamente- buscar o preguntar acerca de algo o alguien. La palabra equivalente want, en inglés, significa que carecemos de algo que estamos necesitando. En español buscamos, deseamos; en inglés necesitamos. Los franceses no distinguen, en aimer, amar de gustar, la misma palabra designa nuestra relación con un amante o con un bombón. Como ya se ha observado alguna vez, esta frivolidad aparente de los franceses ha tenido con todo consecuencias positivas, ya que los empujó a acuñar la expresión faire l'amour -hacer el amor- que, transportada a otras lenguas, nos exime de las vulgaridades, agresiones o eufemismos científicos con que suele designarse esta maravillosa actividad.
En una obra de teatro, García Lorca hace decir a uno de sus personajes, del cual se sospecha que mantiene una relación prohibida: "Hay una cosa en el mundo que es la mirada". La mirada por sí sola, aun sin las palabras, es suficiente testigo de esta relación secreta y apasionada. En inglés esto resulta indecible: look tiene la precisión entomológica del que ensarta con los ojos un insecto, no la extensión y la grave intención de la mirada española, cuyo ámbito amplio y prolongado no coincide tampoco con el de gaze o el de glance. Cuando nosotros preguntamos: "¿Cuál es la gracia?", la óptica anglosajona clava su alfiler: "What is the point?" Y algunas de sus metáforas no son particularmente halagüeñas para los hispanohablantes: spaniel -obviamente relacionado con español, Spanish- significa perro de aguas y también persona servil. Además, Spaniard es el único gentilicio en inglés que rima a la vez con bastard y coward, analogías no demasiado confortables o halagüeñas a nuestros oídos.
Pero no son todas desventajas las del inglés: como lo advirtieron muy bien, en un memorable diálogo, Jorge Luis Borges y Victoria Ocampo, duchos en materia de traducción anglohispánica y autores ambos de algunas de las mejores traducciones que se han hecho del inglés al español, en nuestro idioma no podemos decir palabras tan preciosas como haunt -algo así como habitar u obsesionar hechizadamente- o bien uncanny, un término tan necesario y
escalofriante como imposible de traducir13. Y cuando comparamos el elegante nightgown inglés y la sensual chemise de nuit con nuestro burdo camisón, no podemos sino lamentar y deplorar nuestra evidente desventaja en estas sensibles materias.

Músicas intransferibles
Estos residuos, estos imponderables irreducibles se perciben sobre todo en la poesía, porque son los poetas
El poder del inglés, como ya lo vio Borges, reside en la fuerza concisa de sus monosílabos, que retumban en los versos yámbicos como martillazos de luz en medio de la noche. Pero en cambio el inglés no puede decir, con la claridad oscura y siniestra de Quevedo: "Mi corazón es reino del espanto", un verso absoluto y también totalmente intraducible.
Y el español no puede decir, y tampoco el inglés, lo que dice desde el francés Marceline Desbordes Valmore: "Quand les cloches du soir, dans leur lente volée / feront descendre l'heure au fond de la vallée".
Quiero decir, con estos ejemplos, que la música poética de cada idioma es intransferible, y conviene colocarse en el ánimo de poder admirarlas a todas y a cada una en su particular esplendor. En otras palabras, hay muchas moradas en la casa de la poesía humana y nos conviene recorrerlas en la medida de todas nuestras posibilidades, del mismo modo que nuestra educación musical no puede contentarse con Bach o con Mozart o Chopin o Rachmaninoff o Debussy o Piazzola o Yupan-qui, sino que debe aprender a expandirse y gozarse con todos ellos. De modo que bienvenido el inglés junto con todas aquellas lenguas que nos ayuden a ampliar nuestra acústica poética.
Y agradezcamos asimismo a nuestra historia, que nos permitió y nos permite albergar una tan rica diversidad de lenguas, desde el inglés al italiano pasando por el francés, el guaraní, el iddish y tantas otras lenguas que se mantienen vivas en nuestra sociedad y en nuestra experiencia. La oreja argentina es una oreja poliglótica y admite y absorbe préstamos e imágenes que van paulatinamente confiriendo una tonalidad particular a nuestro hablar, del mismo modo que las grandes lenguas europeas se revelan como poderosas fusiones de familias lingüísticas muy diferentes: la céltica, la latina y la germánica, entre muchas otras.


11 "Cada idioma tiene alguna posesión secreta. Uno puede decir en castellano, 'estaba sólita'; eso podría decirse en inglés: 'she was all alone'. Pero, ¿cómo decir 'estaba sentadita'? Yo creo que no puede decirse en otros idiomas, porque sentadita significa que una persona está sentada y al mismo tiempo se expresa la ternura y el cariño que uno siente por ella: ésta es una posibilidad del idioma castellano."
nosotros pensamos en alguien o en algo, como si nos internáramos o sumergiéramos místicamente en ese objeto de nuestro pensamiento; más objetivo, distante y neutral, nuevamente, el inglés thinks of someone or something. Pero en castellano carecemos, significativamente, del verbo intrude, que en tantos casos nos describe fielmente, así como en inglés brilla por su ausencia, conspicuamente, el equivalente de nuestro verbo agredir.
12 Hay quienes aprecian este rasgo del español, como André Gide en esta frase que sirve de epígrafe a La sala de espera, de Mallea: "Que-lle belle langue que celle qui confond l'attente et l'espoir!"
13 Transcribo este párrafo: VICTORIA OCAMPO: -"... ¿Por qué no existirá esta palabra haunted en español? ¿Es que ningún español o ningún hispanoamericano ha sentido la necesidad de inventarla?" BORGES: -"Estoy plenamente de acuerdo con usted. Creo que palabras como haunted, uncanny, eery, no existen en otros idiomas porque la gente que los habla no ha sentido la necesidad de inventarlas, como usted dice. En cambio tenemos en inglés o en escocés la palabra uncanny y en alemán la palabra análoga unheimlich porque esa gente ha necesitado esas palabras, porque ha sentido la presencia de algo sobrenatural y maligno a la vez. Creo que los idiomas corresponden a las necesidades de quienes los hablan, y si a un idioma le falta una palabra es porque le falta un concepto o, mejor dicho, un sentimiento."
quienes están llamados naturalmente a realzar esa preciosidad única de los lenguajes que hablan a través de ellos. Por ejemplo, la potencia poética del inglés es extraordinaria: yo recuerdo un pasaje del filósofo francés Jacques Maritain en donde él sostiene, sorprendente y muy persuasivamente, la superioridad musical del inglés sobre el francés. De modo que, si nuestros chicos aprenden inglés porque quieren o deben manejar computación o cantar letras de rock, aun si estas actividades son en gran medida impuestas por los mercados externos, como todos lo sabemos, bienvenido sea ese inglés donde podemos decir con Eliot: "If you came by night like a broken king / If you came by night not knowing who you are".
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Re: ORTOGRAFÍA Y GRAMÁTICA

Mensaje  José Malax el Dom Oct 09 2011, 10:46

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CoÑo, justo hoy dieron en el telediario danés una noticia sobre los "indignados" gallego que iban camino de Bruselas, y que estaban influenciando en los jóvenes americanos y tal y pascual, y cómo pronuncian "indignados"?
Pues indiñados (que suena mas a estreñidos que a enfadados ) porque leen la gn como si fuera cosa de gabachos tipo Espagne y otras barbaridades y envidias por no tener nuestra eñe.
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La eñe también es gente

Mensaje  Alex el Dom Oct 09 2011, 05:31

La eñe también es gente

María Elena Walsh


La culpa es de los gnomos que nunca quisieron ser ñomos.
Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio.
Todos evasores de la eñe.

¡Señoras, señores, compañeros, amados niños! ¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta la apócope. Ya nos han traducido el pochoclo. Y como éramos pocos, la abuelita informática ha parido un monstruoso # en lugar de la eñe con su gracioso peluquín, el ~.

¿Quieren decirme qué haremos con nuestros sueños? ¿Entre la fauna en peligro de extinción figuran los ñandúes y los ñacurutuces? ¿En los pagos de Añatuya cómo cantarán Añoranzas? ¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo?

¿Qué será del Año Nuevo, el tiempo de ñaupa, aquel
tapado de
armiño y la ñata contra el vidrio?

¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní?

"La ortografía también es gente", escribió Fernando Pessoa. Y, como la gente, sufre variadas discriminaciones.

Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K. Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita segunda, la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui.

A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo. Pereza ideológica, hubiéramos dicho en la década del setenta.

Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada también por pereza y comodidad. Nada de hondureños, salvadoreños,
caribeños, panameños.

¡Impronunciables nativos! Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece. Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido porque así nos canta.

No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable César Bruto, compinche del maestro Oski. Ninios, suenios, otonio. Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la Madre Patria retroceda y vuelva a llamarse Hispania.

La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software.

Luchemos para no añadir más leña a la hoguera dónde se debate nuestro discriminado signo. Letra es sinónimo de carácter.

¡Avisémoslo al mundo entero por Internet! La eñe también es
gente.
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ACENTO DIACRÍTICO

Mensaje  José Malax el Vie Ago 26 2011, 04:54

Últimamente ha habido varios cambios sobre el uso del acento, por eso pongo aquí una lista para que sirva de referencia. El artículo final, pertenece al autor al que se la he copiado.


ACENTO DIACRÍTICO

Adónde. Se acentúa cuando adquiere valor de adverbio interrogativo
de lugar. “A qué sitio”: “¿Adónde iremos mañana?” Se emplea con verbos
de movimiento.
Adonde (sin tilde), cuando se trata de adverbio relativo. Ejemplo:
“al sitio que”: “aquella es la casa adonde iremos”. No obstante, si el
antecedente está mudo se escribe en dos palabras: “iremos a donde esté
María”.
Aún. Se acentúa siempre que pueda sustituirse por “todavía” sin
modificar el sentido de la frase: “aún está enamorado”; “Gertrudis no ha
llegado aún”.
Aun (sin tilde), con los siguientes significados: “hasta”,
“también”, “siquiera”, “inclusive”. Ejemplos: “Le acepto, aun siendo un
mentecato”. “Aun los mendigos tienen derecho a vivir bajo techo”. “Aun
no teniendo fe en Dios, es persona de mi estima”. “Aun siendo capitán de
la Marina Mercante es más tonto que Abilio, que fue a la vendimia y se
llevó uva de postre”.
Cómo. Se acentúa con valor de adverbio interrogativo de modo: “¿cómo
lo has hecho?; aún ignoro cómo te has valido para lograrlo.
2. Con equivalencia a “por qué”: “¿cómo no fuiste con ella al cine?
3. Con sentido exclamativo: “’¡cómo está de loco el menda!; cómo has caído de bajo".
4. En situaciones de extrañeza o irritación: “¡cómo! ¿Es que tienes miedo de enfrentarte a ella?"
5. Cuando se emplea en frases sustantivadas: “el cómo y el porqué de su situación anómala”.
6. En oraciones adverbiales. “Te vienes conmigo a Barcelona?” “¿Cómo no, mi querido amigo?”
Como (sin tilde), en los siguientes casos: Cuando se refiere a un
adverbio de modo: “Está como ido; no tiene cura. Un perro le ha mordido
en los genitales y ya no puede masturbarse”.
2. Cuando tiene valor prepositivo, queriendo significar “en concepto de” o “alrededor de”: “Lo utiliza como prenda de vestir”.
3. En cualquiera de sus otros valores.
Cuál. Se acentúa cuando se trata de pronombre interrogativo: ¿cuáles
son tus preferencias?; “pues no sé cuáles son, aunque no lo creas?
2. Cuando tiene valor de pronombre indefinido: “cuál más, cuál
menos, unos y otros tienen la cara más dura que el cemento armado”.
3. En la frase “a cuál más”: “Ambos son tontos del culo, a cuál más lerdo”.
Cual (sin tilde), tratándose de pronombre relativo: “estuve con
Andrés, el cual ha ingresado en una clínica a consecuencia de una
disputa con su mujer”.
2. En el caso de adverbio relativo de modo, con equivalencia a “como”: “esos avaros, cual pájaros negros., me las pagarán”.
3. En el caso de pronombre relativo empleado con valor de correlativo: “los curas suelen comportarse tal cual son”.
Cuán. Se acentúa en el caso de adverbio exclamativo, apócope de
“cuánto”: “¡cuán hermoso está hoy el campo!” (No sería correcto
emplearlo antepuesto a mayor, menor, mejor, peor, más, menos.)
Cuan (sin tilde), en el caso de adverbio, apócope de cuanto: “cuan
guapa era, así engalanaba su cuerpo”; “trabajaba cuan desenvueltamente
podía”. (Como en el párrafo anterior, no sería correcto anteponerlo a
mayor, menor, mejor, peor, más, menos.)
Cuándo se acentúa, si nos referimos al adverbio interrogativo de tiempo: “¿cuándo piensas ir a Badajoz?”; “¿cuándo vendrás?”.
2. En el supuesto de conjunción distributiva: “cuándo por esto, cuándo por lo otro, el caso es que aquí no hay paz”.
3. Cuando oficia de sustantivo: “más que el cuándo y el cómo, me interesa conocer el porqué”.
Cuando (sin tilde), en el caso de adverbio relativo de tiempo: “ lloró cuando se murió su perro”.
2. Con equivalencia de “durante”: “cuando el motín aquél... ¿lo recuerdas?, yo estaba en Pamplona”
3. En el caso de conjunción condicional: “cuando ella lo piensa de ese modo, por algo será”.
Cuánto lleva tilde en referencia al pronombre interrogativo o
exclamativo de cantidad: “¿cuánto dinero necesitas?”; dime, por favor,
cuánto necesitas; ¡cuánto me estás haciendo sufrir!
2. En el supuesto de adverbio interrogativo de cantidad: “¿Cuánto ha
despilfarrado en sus juergas nocturnas?” “¡Cuánta miseria, Dios mío!”
Cuanto (sin tilde), en el caso de pronombre relativo: “ Me pidió
que le hiciese un traje con cuanto tuviese a mano, trapos incluidos”.
2. En el supuesto de adverbio relativo de cantidad: “ pesco cuanto puedo, incluso sin emplear tanza ni anzuelos”.
3. Cuando es adverbio relativo temporal: “la comunidad durará cuanto dure su armonía”.
Cúyo. Como hoy en día no se usa esta palabra (acentuada), prescindiremos de inútiles explicaciones.
, cuando se refiere al verbo dar: “no me dé tanto la lata, amigo”.
¿Que le dé dinero a ese vago? ¡Venga, hombre; que se lo dé su tía!”
De (sin tilde), cuando interviene como preposición: “¿de qué me
habla usted?”; "no sé de qué me está hablando”; “sí, el de la derecha”.
(muy poco usado), cuando interviene como apócope del adverbio
interrogativo “dónde”: "¿dó vas, caminante, cabizbajo y lloriqueando?"
Do (sin tilde), sólo se utiliza en poesía, como apócope del adverbio
adonde (nótese que este adverbio va sin tilde). “Do quiera que vayas,
contigo estaré”.
Dónde, en el caso de adverbio interrogativo de lugar: “¿dónde guardas la guita, malandrín?”; “no sé dónde la has guardado”.
Donde (sin tilde), en referencia al adverbio relativo de lugar: “lo
puse donde tú sabes; no me preguntes más?; “donde tú quieras, querida,
menos en el herbazal, no sea que se te claven púas en el señorescontigo’. ”
Él, si se trata de pronombre personal de tercera persona: “No vayas
con él, porque te obligará a llevar cinturón de castidad”. "¿Dices que
él te ha dicho que yo he dicho que en el mar, entre las olas, se juega a
la petanca?”; “el que quiera saber, a Salamanca. Sí, a Salamanca; me lo
dijo él”, Él, como el otro, son unos...”
El (sin tilde), por tratarse de artículo determinado: “el muchacho
es noblote”; “El hombre que tú sabes tiene más jayeres’ que un califa”;
“el monte me gusta más que la mar”.
Éste, ése, aquél (incluidos sus femeninos y plurales). Convendría
consultar las normas de la Academia, publicadas en 1959, que hacen
referencia a la acentuación de estos pronombres, ya que, salvo riesgo de
anfibología o ambigüedad, tanto la Real Academia en su “Esbozo”, como
asimismo algunos autores, prescinden de la acentuación de dichas
palabras. Pero, insisto, sólo en el caso de que no se presten a
confusión.
Más, cuando se usa como adverbio de cantidad: “cuanto más, mejor”; “acudieron al acto más de cien personas”.
Mas (sin tilde), en el supuesto de conjunción adversativa. “yo la
quería, mas ella a mí no”. Suele tener equivalencia a “pero”. “Llevaba
encima bastante dinero, mas no lo bastante para comprar un piso”.
, en el caso de pronombre personal: “a mí no me duele que Marta
quiera a Tomás, puesto que yo tampoco la quiero a ella”; “ven a mí,
amor, que mi corazón te está llamando”; “a mí, ni fu ni fa”.
Mi (sin acentuar), en el caso de ser adjetivo posesivo, como apócope
de “mío”, “mía”: “a mi perro le da por cepillarse un cojín creyendo que
está montando a una chucha”; “oiga, señor, déme mi paga y déjese de
consejas”.
Porqué, en el caso de ser sustantivo con significado de “causa,
razón o motivo”, como asimismo “ganancia o sus derivados: “el porqué de
su cabreo es cosa de él”; “no busques ningún porque; mejor es no
saberlo”.
Porque (sin tilde), si se refiere a conjunción causal: “¿Por qué, dices? Porque me da la gana”.
2. Cuando tiene el valor de “para que”: “porque quiero que prosperes, me callo”.
Por qué, en el caso de que “por” sea preposición y “qué” pronombre
indefinido con significado equivalente a “cuál motivo o causa”: “¿por
qué estás triste?” “no sé por qué me odias”.
Por que (sin acentuar), si “por”, como a veces sucede, significa
“para”, y “que” pronombre relativo con equivalencia a “el cual”, “los
cuales”, “la cual”, “las cuales”: esta es la referencia por que me
guío”; las causas por que cometió ese robo, las ignoro”.
2. En el supuesto de locución conjuntiva final, con el significado
de conjunción final “porque”: “rezo a Dios porque seas feliz”.
Qué, en el caso de pronombre interrogativo: “¿a qué aspiras,
niñato?”; “dime, santa mía, qué deseas de este siervo tuyo y te bajaré
del cielo un pajarito”
Que (sin tilde), cuando se trata de pronombre relativo: “Mariano,
que canta como los ángeles, hizo el ridículo en el escenario”.
2. Cuando se trata de conjunción: “me pidió que fuese a casa de Lucía a pedirle un favor, ¡el muy bruto!”
Quién, si es pronombre interrogativo: “¿quién quiere besarme en la
boca? Os advierto que acabo de comer ajos crudos”; “no sé quién de
vosotros o de vosotras querrá cantar conmigo un villancico”.
2. En frases como: “quién más, quién menos, todo el mundo entonaba el gorigori”.
Quien (sin acentuar), en caso de pronombre relativo: “quien lo
desee, puede ir a casa de Justo a comer pava”; “Francisca, quien estaba
en apuros, le contó a Federico sus secretos”.
, cuando es tiempo del verbo saber: “sé que estás encinta; me lo
ha dicho la bruja de tu amiga Paqui”; “yo sé lo que sé porque sé lo
mismo que tú sabes”.
Se (sin acentuar), cuando se refiere a pronombre: “se ha ido a Venezuela”; “se lo dije mil veces y no me hizo caso”.
, adverbio afirmativo: “bueno, sí, como tú quieras”; “sí, mujer, ya sabes que te adoro.
Si (sin tilde), cuando tiene valor de conjunción condicional: “si él quisiera, tendríamos oportunidad de divertirnos”.
2. Otros casos: “si quieres venir”, “si me quisieras”, etc.
Solo, no lleva acento y solo se acentúa si hay riesgo de
anfibología o ambigüedad o se preste a
confusión. Ver normas de la Real Academia, publicadas en 1959.
, si se refiere a la infusión “té”: “té con pastas”.
Te (sin acentuar), cuando es pronombre personal: “te diré una cosa, amigo”; ¿ya te vas?
, en el caso de pronombre personal: “tú eres tonto, lo siento”, “tú dirás lo que quieras, pero yo sé lo que sé”.
Tu, adjetivo posesivo (forma apocopada de “tuyo, tuya”): “tu casa es bonita, y tu madre te quiere”.

Excepto en los casos citados, toda palabra monosílaba debe ir sin tilde: san, pan, pon, ven, etc.

En el caso de la “o”, para distinguirla del cero, hoy casi no se acentúa por ser difícil caer en equivocaciones.






SOBRE EL USO DEL ACENTO DIACRÍTICO
Errores de acentuación
por César Rubio Aracil

La Ortografía es una de las herramientas que debe usar todo escritor/ra que se precie de serlo, tal como lo hace un buen ebanista con la gubia y el formón.
Pese a que muchos/as escritores/as noveles consideran de escasa importancia la acentuación diacrítica de las palabras, es obvio que los escritos bien redactados -y más cuando se pretende ser escritor/ra de verdad- dignifican toda obra literaria. Escribir con faltas de ortografía desluce la creación y en ocasiones genera dudas interpretativas a quien nos lee. Por tal motivo, diccionario en mano, me impongo la tarea de enumerar algunos de los errores más frecuentes en este sentido. Lo hago por dos razones. En primer lugar, por defender nuestro hermoso idioma en la medida de mis posibilidades. En segundo término, porque me interesa repasar la Ortografía con el fin de evitar malos usos del lenguaje. Por lo tanto, sin más rodeos, en esta ocasión nos referiremos a la acentuación diacrítica o, lo que es lo mismo, colocación de (la) tilde en una letra o en una palabra para distinguir su significado de otra igual.. Por ejemplo, el adverbio “más” lleva acento diacrítico para diferenciarlo de la conjunción “mas”. (La palabra “tilde”, según el DRAE, corresponde al género ambiguo, aunque es raro que se escriba en masculino. Confieso que desconocía este detalle. Gracias al diccionario he aprendido algo nuevo de la Gramática.)
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ORTOGRAFÍA Y GRAMÁTICA

Mensaje  José Malax el Vie Ago 26 2011, 03:52




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El sitio llamémoslo "pedagógico" es para poner desde reglas de
acentuación o de sintaxis a denuncias del mal uso de la lengua
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Re: ORTOGRAFÍA Y GRAMÁTICA

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